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miércoles, 6 de enero de 2016

QUE DESCUBRAS tu valor, y no dependas de la opinión de otr@s


Que descubras la serenidad y tranquilidad en un mundo imposible de entender.

Que el dolor que has vivido y los problemas que has experimentado, te den el poder de caminar por la vida enfrentando cada situación con optimismo y valor.

No olvides que habrá seres cuyo amor y comprensión siempre estarán contigo, aún cuando te sientas sol@.

Que descubras suficiente bondad en otros para creer en un mundo de paz.

Que una palabra generosa, un abrazo y una sonrisa sean tuyos todos los días de tu vida.

Que puedas dar estos regalos tanto como recibirlos.

Recuerda el sol aún en medio de la tormenta.

Enseña amor a aquellos que odian, y deja que ese amor te fortalezca.

Recuerda que aquellos seres cuyas vidas has tocado y aquellos otros que han dejado su huella en ti, siempre ocuparán un lugar especial en tu corazón.

No importa si el encuentro fue corto y no lo que tu esperabas o deseabas.

No te preocupes demasiado por lo material.

Valoriza más la bondad y generosidad que habitan en tu corazón.

Que encuentres tiempo cada día para apreciar la belleza y el amor que te rodean.

Realiza que como seres humanos tenemos muchas cosas en común pero en el fondo todos somos diferentes.

Aprecia y respeta las diferencias.

Lo que sientes que careces en el presente puede ser tu fortaleza en el futuro.

Que veas un futuro lleno de posibilidades.

Que encuentres suficiente fortaleza en tu interior para determinar por tí mism@ tu valor, y no dependas de la opinión de otr@s para reconocer tus habilidades.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Navidad sin ti


En Navidad es cuando más recordamos a los fallecidos

En Navidad recordamos mucho a los seres queridos con quien en el pasado compartimos días alegres y festivos.
Les extrañaremos siempre,
que en paz descansen.
 Cómo no recordarles y añorarles en Navidad?¿Cómo no extrañarles cuando vemos su asiento vacío?Nos han dejado un vacío que nunca podremos llenar.
Nunca llega el olvido
de un ser amado que ha fallecido, 

pues siempre estarán en nuestros corazones,
en cada cosa que hacemos o dejamos de hacer…
 
Tratamos de superar el dolor de su pérdida, 
pero la muerte no se supera nunca, 
sólo se puede aprender a vivir sin ellos a nuestro lado.

En Navidad recordamos más a quien el día de ayer estuvo a nuestro lado y que ya nunca más podrá estar, ni tan siquiera para darnos un abrazo o una sonrisa. Nos resignamos, recordando los momentos vividos con ellos, las Navidades pasadas a su lado… unas Navidades que nunca más serán lo mismo, porque nunca más estarán.
Cerramos los ojos
y por un sólo instante
quisiéramos volver hablar,
o tocar sus manos o abrazarlos…
pero ya no están.

Y alzamos la mirada al cielo, con la esperanza de que quizás nos estén mirando desde lo alto, escuchando nuestro corazón… y al hacerlo, lágrimas se forman en nuestros ojos.
Ojalá hubiese una escalera hasta el cielo
para poder abrazarlos y decirles
que les extrañamos, que nada ha sido igual
desde su último aliento.
Mas la vida continúa, no queda más que confiar que Dios nos dé un bálsamo para aliviar el dolor. Así es la vida, nacemos y morimos: los que se van primero lo hacen dejando un largo camino de tristeza para los que quedamos atrás.
Sí, ojalá hubiese una escalera hasta el cielo para abrazarlos por Navidad y decir “te quiero tanto que hasta duele respirar”…

Simples Valores Navideños

Estamos acercándonos a las Fiestas Navideñas y acordamos que entre todos, en familia adornaríamos la casa. En un armario, cada objeto empapelado fue guardado, allí los encontramos esperando para ser sacados.
Cada caja íbamos desatando y poco a poco los objetos fueron quedando a la vista. Mientras nuestros recuerdos de anécdotas pasadas venían a la mente.
Así, algunos fueron adquiridos por el esfuerzo y otros regalados por familiares y amigos, pensarlo nos puso algo tristes… por recordar en aquellos objetos a los que en unión con Dios ahora nos miraban desde el cielo... pero también venían a nuestro recuerdo los momentos bellos.
Entre todos animadamente sin quejarnos por el arduo trabajo empeñado, la casa iba deslumbrado; en realidad no interesaba si eran objetos hermosos o caros... interesaba el espíritu solidario, el afecto y compromiso desplegado.
Horas que pasaron tan rápido, por tan agradable situación, el cansancio lo sentimos sólo cuando pudimos decir al fin, “¡Tarea lograda, que bello quedó!”
Así, unidos quedamos frente al Nacimiento, de rodillas esbozamos una humilde oración, por los que estábamos presentes y por los que se tuvieron que ir; dando también las gracias porque a pesar de nuestras flaquezas, errores y remiendos, jamás nos sentimos abandonados por Él.
Gloria a Dios en las alturas y paz a los hombres que aman al Señor.
Amen.